“Juan José Saer. Dos breves notas” por Gabriel Roel

JUAN JOSÉ SAER

Dos breves notas*

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Por Gabriel Roel

 

 

I

 

Florece, mundo obstinado, y a costa de mi vida, la persistencia [1]

 

La guerra hipermoderna avizorada ya fuera de todo progresismo ideático, aquel cuya advertencia freudiana, contrarresta los diversos idealismos que lo imaginario opera con los restos de romanticismos que en sus retornos menos críticos cierto presente insiste. Enunciados mediáticos, educativos, psico-profilacticos,  historico-mitográficos,  etc.  Enunciados de estadística y de cifra desterradores de cuanta enunciación singular haga “lugar”.  Advertida de estas cuestiones, la obra de Juan José Saer,  ineludible, más acá de los referatos cronológicos o de las domesticaciones que la literatura hace pasar como diversión y espectáculo.  Aun por descubrir revisita y desordena, baraja y da de nuevo.

 

¡Qué complejo es el tiempo, y sin embargo, qué sencillo! Ahora estoy sentada en el sillón de Viena, en el living, y puedo ver la sombra de Leopoldo que se desviste en el cuarto de baño. Parece muy sencillo al pensar “ahora”,  pero al descubrir la extensión en el espacio de ese “ahora”, me doy cuenta enseguida de la pobreza del recuerdo. El recuerdo es una parte muy chiquitita de cada “ahora”, y el resto del “ahora” no hace más que aparecer, y eso muy pocas veces, y de un modo muy fugaz, como recuerdo. Tomemos el caso de mi seno derecho. En el ahora en que me lo cortaron,  ¿cuántos otros senos crecían lentamente en otros pechos menos gastados por el tiempo que el mío? Y en este ahora en el que veo la sombra de mi cuñado Leopoldo proyectándose sobre los vidrios de la puerta del cuarto de baño y llevo la mano hacia el corpiño vacío, relleno con un falso seno de algodón puesto sobre la blanca cicatriz, ¿cuántas manos van hacia cuántos senos verdaderos, con temblor  y delicia?  Por eso digo que el presente es en gran parte recuerdo y que el tiempo es complejo aunque a la luz del recuerdo parezca de lo más sencillo.

Soy la poetisa Adelina Flores. [2]

 

 

II

 

Menos dado a la ilustración que a la intrusión provocada de lo incógnito, su escritura de indagación y diálogo con el espacio literario  –munida del agalma socrático- apunta al hueso de aquella exigencia donde los inmanentes mecanismos de la percepción circundan los predicamentos del habla que hacen posible la enunciación.  Desmontando aquellas sutilezas que dan por sentado homologaciones de verdad o descomponen, descompletando algunas condiciones de sus montajes: velocidad y restos miméticos en cuyas intensidades fueron marcadas a fuego las consistencias de la narrativa moderna,  surcando  las advertencias del experimentalismo vanguardista con los recursos de las formas cinematográficas, a riesgo incluso de concitar el discurso filosófico, que tanto ensayística como crítica trasuntan desnaturalizando academicismos de laboratorio o retomando horizontes donde el problema de la tradición olvida los acervos de lo contemporáneo con las perspectivas que incluso su acto narrativo, la experiencia estética, poética política de Juan José Saer resitúa en las consideraciones de la lengua misma ante los avatares y usufructos mercantiles académicos.

 

Reales –urge. Y nadie sabe bien donde

está. Un viejo, ni más ni menos, un poco,

¿no?, ya me entiende y el índice se pone

a girar a la altura de la sien.

De batallas,

de cárceles, de evasiones, salió, ya lo hemos visto,

cambiado pero indemne, como se dice,

un poco mejor, tal vez, según se mire, la mano

izquierda inutilizada: ¿parálisis, o lisa

y llanamente un muñón? El día del juicio,

probablemente, se sabrá. Por ahora nos queda

la imagen, no sin fundamento,

de un viejo seco y bronceado, avanzando,

en miniatura, por campos de trigo. En él

atardecer se sienta, en el patio de una venta, a descansar.

Embrollos con las facturas, pleitos, y, de tanto en tanto,

un soneto su mujer, más joven y más rica; la bastarda

empleada como sirvienta en lo de una de sus hermanas

y, pisándole los talones,

pesadilla balzaciana la Tesorería. Hay que hacerse

la idea exacta, sin mistificar: un viejo,

un viejo

bastante iletrado, sin obra visible, sin protectores,

debatiéndose, sin progresar, en una telaraña,

el sol de agosto arriba

y todo alrededor el trigal. ¿Por qué hubo

de ser él, más tarde, casi inmediatamente,

en rigor de verdad, quien desplegara ante nuestros ojos,

para durar cuanto duremos, haciéndosenos connatural,

lo que ya es vox populi ?  -y sería superfluo repetirlo,

a tal punto su presencia nos acompaña. ¿Por qué él,

él, ese viejo? Y eso en la cárcel, parece, por añadidura-

pero esto último, como fue escrito varias veces, no se ha

podido probar.

Reales

-no existe nada, nada, no hay, aunque estalle

ante nuestros ojos, ninguna realidad; y esos reales

que le reclaman, sin poder, por otra parte dar con él,

vienen de rey, son la escoria del siglo o el siglo mismo,

la borra de un retruécano.

 

El sol de agosto arriba

que se apaga, de golpe, y un rasguido. Viene subiendo,

fragilísimo,

desde la oscuridad. [3]

 

 

 

* Fragmento de JJS Estrategia narrativa, táctica poética, ponencia leída en Coloquio Juan José Saer, Casa Refugio Citlaltépetl: Presencia de Juan José Saer el miércoles 18 de noviembre de 2015.

 

[1] Ligustros en flor. Juan José Saer Poemas Borradores inéditos 3. Seix Barral. Buenos Aires, 2014.

[2] Sombras sobre vidrio esmerilado. Unidad de lugar, 1966. Cuentos Completos (1957-2000).  Seix Barral Biblioteca breve, Buenos Aires, 2001.

[3] Reales. El arte de narrar. Visor de Poesía, Madrid, 2000.

 

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