10 años de Casa Refugio Citlaltépetl

Cátedra del exilio

Desde hace 10 años el proyecto de la Casa Refugio Citlaltépetl se afirmó y consolidó gracias a su arraigamiento en el seno de una sólida tradición mexicana (que es uno de los rasgos más nobles de este país) y a la aportación de una red de solidaridad concreta e internacional, actualmente llamada ICORN.

Hace 10 años, después de haber efectuado duras obras de construcción, este espacio estuvo finalmente listo para recibir a los autores serbio y kosovar y a sus familias, quienes huían de la guerra de los Balcanes. Fue el inicio de una aventura que nos permitió recibir nueve escritores provenientes de tres continentes, y de dar vida a una casa que se convirtió en uno de los centros de animación literaria más significativos del país. Fue claro, desde nuestros inicios, que no habríamos aspirado a proteger la palabra escrita sin proponer también un espacio donde ésta puede florecer; no buscamos tampoco alentar una práctica artística despojada de su peso y de su fuerza. Tenemos, efectivamente, la debilidad de creer que las palabras de los escritores existen para interrogar al mundo; para rechazar los lados fútiles o innobles, y para celebrar la complejidad y la profundidad de la vida. La escritura es ante todo un acto de resistencia y nuestro propósito, es y ha sido el acompañar esta capacidad de rebeldía.

También conocimos las emociones características de las aventuras colectivas, las alegrías de algunos éxitos y la tristeza de los adioses anunciados, el respeto y algunas veces la amistad de escritores mundialmente célebres y el menosprecio a menudo teñido de envidia de algunos interlocutores finalmente sin importancia. Todo esto es la recompensa y el precio a pagar por todo proyecto marcado por la independencia y la libertad de expresión.

Hace entonces, un poco más de 10 años, un grupo de escritores proponía al primer Jefe de Gobierno electo democráticamente, el Ing. Cuauhtémoc Cárdenas, unir sus esfuerzos a las numerosas ciudades que habían ya comenzado a movilizarse para recibir a escritores amenazados en sus países de origen. Gracias a su apoyo y a la ayuda de su equipo (y aquí como olvidar a los amigos Alejandro Aura quien ya se nos fue, el poeta Eduardo Vázquez y por supuesto Fabrizio Mejía Madrid), hemos podido construir un proyecto que funciona aún ahora. La especificidad mexicana no fue tanto la de recibir a autores refugiados sino la de dar vida a esta casa, de hacer un espacio que es lo inverso al encierro, lo contrario a una prisión.

Los recuerdos son numerosos y sería tedioso evocar algunos con el riesgo de olvidar muchos otros. Los rostros y las palabras de amigos generosos son los que privilegio, aquellos en los cuales uno piensa cuando se busca sosiego frente a la adversidad. Igualmente, los agradecimientos son difíciles a formular ya que la lista sería muy larga, desde los primeros miembros de la asociación hasta los últimos reclutas del equipo de trabajo, desde los primeros conferencistas hasta los últimos escritores residentes: las complicidades y los gestos generosos han fuerte y alegremente marcado nuestra trayectoria.

Se seleccionarán entonces 20 autores que narren sus experiencias, sus visiones y las aportaciones que el exilio y el asilo les trajeron en cualquiera de estas tres ciudades. De esta manera, se hará evidente como la Ciudad de México, a la par de las capitales norteamericana y francesa fue uno de los grandes centros de recepción para miles de refugiados que llegaron de tan diversos y disímiles rincones del mundo. Así, cada texto presentará una pintura citadina, con personajes, paisajes y vida.

Hoy los tiempos se caracterizan por nuestra expansión, a pesar de la crisis severa que nos afecta a todos. Dentro de algunos meses, otra casa refugio abrirá sus puertas en el Centro Histórico y se consagrará al continente africano. Gracias al apoyo del Lic. Marcelo Ebrard, de la Dra. Alejandra Moreno Toscano y de Inti Muñoz, esta aventura ha sido posible. Que se me permita aquí dirigir los más sinceros agradecimientos de parte de los dirigentes de ICORN a los cuales agrego los míos con entusiasmo. De la misma manera, Montevideo se integrará pronto a la misma red. Y ya es evidente el interés de algunas otras ciudades de América Latina de unirse a este movimiento, con los ojos fijos en la Ciudad de México, que otorga una vez más un ejemplo extraordinario de un profundo enriquecimiento, posible gracias a las aportaciones de los exiliados provenientes del mundo entero. Hoy más que nunca, la imagen de esta capital está ligada a esta rica historia hecha de tragedias de exilio que el tiempo y la voluntad de los hombres transformaron en encuentros fructuosos. Además, nuestra distinguida colaboración con la Comisión de las Celebraciones del Bicentenario de la Independencia y del Centenario de la Revolución en la Ciudad de México, dirigida por el Doctor Enrique Márquez, nos ha permitido desarrollar un profundo trabajo sobre el tema del exilio, coordinado dentro del marco de la “Cátedra del exilio: Gilberto Bosques”; podremos entonces, publicar libros, fascículos, organizar coloquios y exposiciones en México y en el mundo.

Haber sido los testigos privilegiados y los actores conscientes de nuestro papel en el seno de esta increíble historia de los exilios en México, nos hace enorgullecernos de nuestro trabajo y de las labores cumplidas; pero nos llama también a nunca darnos por satisfechos de estos logros. Y es por esta razón por la cual la reunión de esta noche adquiere un valor particular: sentir su apoyo, la aprobación de nuestros actos, festejar juntos estos años pasados y los éxitos del presente, todo esto constituye una invitación a continuar persistiendo y resistiendo. Mi muy sincera gratitud a todos aquellos que lo han hecho posible y que sabrán acompañarnos en el porvenir.

Traducción del francés de A. R-N.